La historia de Chamartín, de pequeño apeadero a la estación más avanzada de Europa

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Repasamos 53 años de historia de la estación de Chamartín, desde sus orígenes como pequeño apeadero hasta su futuro como complejo ferroviario de referencia internacional y centro de la Alta Velocidad Española.

Tras más de 50 años de historia, la estación de Chamartín está hoy a punto de crecer para dar servicio a 42 millones de viajeros al año y convertirse en el principal centro de la Alta Velocidad Española. Ya está en marcha el concurso internacional para dar forma a esta decisiva transformación de una infraestructura ferroviaria que lleva conectando a los madrileños desde hace décadas.

La historia de esta estación comienza cuando el gobierno de la Segunda República decidió vertebrar la ciudad de Madrid y mejorar su conexión ferroviaria con el norte de España, y encomendó dichos objetivos a una nueva estación de tren planificada en la villa de Chamartín. Habría que esperar hasta 1967 para que el proyecto viese la luz, con un primer edificio de viajeros y un solo andén. Con los años, la construcción de una nueva estación amplió su capacidad debido a las crecientes necesidades ferroviarias de la capital, reinventándose y convirtiéndose en un símbolo del desarrollo de la ciudad. Paradójicamente, sus vías limitarían, al mismo tiempo, el crecimiento urbano del norte de Madrid, una situación que ahora va a resolverse, algo más de medio siglo después, gracias a Madrid Nuevo Norte.

Una pequeña estación en el pueblo de Chamartín

En 1928, la población de Madrid capital estaba a punto de llegar al millón de habitantes. Debido a las crecientes necesidades de infraestructuras de comunicación, se decidió emplazar en el entonces municipio de Chamartín de la Rosa una estación que sirviera de punto de partida para la nueva línea ferroviaria que uniría Madrid con Burgos. “Era una alternativa para descargar la gran vía Norte de Madrid-Ávila-Valladolid’, explica Gonzalo Garcival, periodista, exredactor jefe de la revista Vía Libre, de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, además de autor del libro Estaciones de ferrocarril de España (Espasa-Calpe, 1995).

Los primeros trabajos para preparar el terreno para una estación provisional se iniciaron en 1933, pero el estallido de la Guerra Civil paralizó el proyecto durante décadas. El proyecto cobraba sentido como conexión del norte de Madrid con la estación de Atocha, al sur, un necesario eje ferroviario que recorrería la ciudad de punta a punta. Finalmente, en 1967 se completó el túnel que salvaba los 7,3 kilómetros de distancia que separan Atocha de las nuevas instalaciones provisionales de Chamartín. Éstas apenas consistían en un pequeño edificio paralelo a la vía, pero en sus andenes ya paraban 175 trenes de Cercanías y largo recorrido y, a partir de 1968, los de la línea Madrid-Burgos.

El gran proyecto ferroviario

En 1972, el gobierno aprobó cerca de 2.000 millones de pesetas para la construcción de una nueva estación en Chamartín. Una importante inversión que debía servir para cubrir las necesidades de transporte de 10 millones de viajeros anuales de largo y medio recorrido y de cinco millones de Cercanías. Pero su diseño tenía que prever también el crecimiento estimado hasta el año 2000, en aquel momento cifrado en 17,99 millones de viajeros de Cercanías y 12,77 de largo recorrido, según se recoge en el número de marzo de 2019 de la revista Vía Libre.

Los terrenos elegidos para la nueva infraestructura estaban muy próximos a los de la primitiva estación provisional, y las nuevas instalaciones abarcarían una superficie de 127.000 metros cuadrados, incluidos tanto la edificación complementaria como el aparcamiento cubierto para 450 vehículos. El proyecto contemplaba también el futuro enlace al aeropuerto de Madrid-Barajas, así como la creación del Centro de Transporte Postal Ferroviario, dependiente de Correos. Los trabajos se desarrollaron a partir de 1970.

Fue en 1975 cuando se inauguró la estación que hoy todos conocemos. Una infraestructura ferroviaria de primera importancia, ya que enlazaría Madrid con todas las vías al norte de la Península en larga distancia y, más recientemente, de Alta Velocidad. Además, la estación debía cumplir desde su origen con otro importante cometido: convertirse en punto neurálgico de las comunicaciones dentro de la propia urbe madrileña. Gonzalo Garcival recuerda que, con el propósito de hacer de Chamartín un nodo de primer orden en el transporte madrileño, “en su diseño también se tuvo previsto el enlace con la estación de metro de Plaza Castilla- Fuencarral y el proyecto de enlace ferroviario con el aeropuerto de Barajas”.

La infraestructura supuso un impresionante avance para la movilidad de la época, pero lo que más sorprendió a los madrileños “fue que el diseño de la estación aportaba un gran vestíbulo con zona de compras y restauración, que iba más allá del quiosco de prensa o la cantina”, señala Garcival. Y fue así como la estación de Chamartín, además de convertirse en un centro neurálgico del transporte madrileño, añadió su oferta de tiendas, ocio e incluso un hotel.

La transformación del siglo XXI

En febrero de 2020, con la puesta en marcha de un concurso internacional para su transformación integral, la estación de Chamartín ha dado el primer paso para su transformación definitiva, que la convertirá en el más avanzado complejo ferroviario de Europa. El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, destacó durante el acto de presentación del concurso que “la nueva estación de Chamartín será el mayor ejemplo europeo de estación sostenible, conectada y favorecedora del encuentro y la convivencia dentro de la capital”. Con sus futuras dos terminales, 31 vías y 16 andenes, esta ambiciosa actuación integrará totalmente la estación con su entorno urbano, se vinculará al nuevo distrito de negocios de Madrid Nuevo Norte y vendrá acompañada de la desaparición de la brecha creada por las vías que aún separa en dos los barrios del norte.

Un proyecto estratégico que impulsará la economía de la capital y del país y será parte fundamental de la transformación que va experimentar Madrid en las próximas décadas gracias a Madrid Nuevo Norte

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